Minutas de la Fed: la inflación mantiene abierta la puerta a nuevas subas de tasas
— Equipo Editorial

Las minutas de la Reserva Federal mostraron una Fed más dividida de lo que sugirió la votación unánime de septiembre, con la mayoría de los funcionarios considerando probable otra suba de tasas antes de finalizar 2026, mientras persisten riesgos inflacionarios vinculados al petróleo, los aranceles y la inversión en inteligencia artificial. El mercado, sin embargo, llega a esta publicación con una probabilidad mucho menor de un aumento en octubre, lo que deja al dólar, los Treasuries, el oro y Wall Street expuestos a fuertes ajustes si los próximos datos de inflación y empleo vuelven a endurecer las expectativas monetarias.
Una Fed unánime en septiembre, pero dividida hacia adelante
El Comité Federal de Mercado Abierto elevó en septiembre la tasa de fondos federales en 25 puntos básicos, hasta un rango de 3,75%-4,00%. La decisión fue aprobada por unanimidad, pero las minutas publicadas este miércoles revelan que el consenso sobre el siguiente movimiento es considerablemente menos sólido.
Todos los participantes consideraron apropiado elevar la tasa debido a una combinación de inflación todavía elevada, actividad económica sólida y un mercado laboral cercano al pleno empleo. Sin embargo, la discusión sobre qué hacer después mostró matices importantes. La mayoría consideró que otra suba sería probablemente apropiada antes de terminar el año, aunque también dejó claro que las próximas decisiones dependerán de los datos y de cómo evolucionen los riesgos.
La diferencia respecto de la percepción inmediata posterior a la reunión es relevante. Mientras el mercado había llegado a descontar una posibilidad considerable de una nueva suba en octubre, las expectativas se han enfriado con fuerza después de los últimos datos de empleo e inflación. Reuters situaba la probabilidad de un aumento en octubre alrededor del 22%, mientras que para diciembre seguía siendo elevada, en torno al 83%.
Inflación, petróleo y aranceles vuelven al centro del debate
El principal argumento detrás de la postura restrictiva continúa siendo la inflación. Las minutas señalan que el PCE general se estimaba en 3,8% interanual en agosto, mientras el PCE subyacente se ubicaba en 3,4%. Ambas medidas permanecían claramente por encima del objetivo del 2% de la Fed.
Pero el debate ya no gira solamente alrededor de la inflación tradicional. Los funcionarios identificaron varios canales capaces de mantener las presiones sobre los precios durante más tiempo: el aumento de los costos energéticos provocado por las tensiones geopolíticas, posibles nuevos aranceles y el fuerte ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial.
La Fed también advirtió que cuanto más tiempo permanezcan elevados los precios de la energía, mayor será el riesgo de que los aumentos de costos inicialmente concentrados en determinados sectores terminen trasladándose a una parte más amplia de la economía. Esa consideración adquiere especial importancia en un momento en que el petróleo vuelve a operar cerca o por encima de US$100 por barril.
Este mecanismo ya había sido relevante para los mercados durante las últimas semanas. El petróleo de Ormuz y el NFP habían colocado nuevamente a la inflación y a la Fed en el centro de la narrativa global, mientras el aumento de los rendimientos presionaba al oro y elevaba el costo de oportunidad de mantener activos que no generan intereses.
El mercado laboral cambia el equilibrio
La otra pieza fundamental del análisis de la Fed es el empleo. Las minutas describen un mercado laboral estable y cercano al máximo nivel de empleo, aunque reconocen señales de menor dinamismo en contratación y búsqueda de trabajadores.
La tasa de desempleo se situó en 4,1% durante julio y agosto, mientras las ganancias de empleo habían mejorado en agosto. Los funcionarios también observaron que el crecimiento salarial se había moderado respecto del año anterior y que, para algunos participantes, el mercado laboral no constituía actualmente una fuente importante de inflación.
Ese matiz es fundamental para entender por qué las expectativas de una suba inmediata en octubre disminuyeron.
La Fed enfrenta ahora un dilema clásico: la inflación continúa demasiado elevada, pero un endurecimiento excesivo puede terminar debilitando una economía cuyo mercado laboral comienza a mostrar señales menos dinámicas. Por eso, las próximas decisiones dependerán en gran medida de si la inflación vuelve a acelerarse o si los indicadores laborales confirman una desaceleración.
Los Treasuries se convierten en un segundo frente de presión
Las minutas también aportaron una señal importante sobre el comportamiento de los bonos estadounidenses. Durante el período analizado, los rendimientos entre dos y diez años aumentaron alrededor de 35 puntos básicos.
La Fed identificó varias razones detrás de este movimiento: expectativas de una política monetaria más elevada, fortaleza de la actividad económica, incertidumbre geopolítica, mayor prima por plazo y una creciente competencia por capital asociada al endeudamiento necesario para financiar la infraestructura de inteligencia artificial.
Ese último factor agrega una dimensión nueva al mercado de bonos. El auge de la inversión en IA no solamente impulsa la actividad y la productividad potencial; también puede aumentar la demanda de financiación corporativa y competir con el Tesoro por el capital disponible.
En la sesión, el Treasury a 10 años llegó a 5,316%, después de alcanzar un máximo de 5,364%, mientras el rendimiento del bono a 30 años subió hasta 5,696%. Son niveles que vuelven a colocar las tasas largas en máximos de más de dos décadas y que pueden tener consecuencias directas sobre valuaciones bursátiles, hipotecas y condiciones financieras.
Dólar, oro y Wall Street: la reacción que importa
El dólar llegó a las minutas con un soporte adicional derivado de los elevados rendimientos estadounidenses y de la búsqueda de activos defensivos. El DXY avanzaba alrededor de 0,41%, hasta 102,33, mientras el euro se aproximaba a mínimos de 17 meses frente al dólar.
La combinación entre petróleo elevado, tasas largas altas y riesgos fiscales europeos constituye un entorno favorable para el billete verde, incluso si el mercado reduce sus apuestas por una suba de la Fed en octubre.
El oro, en cambio, enfrenta una configuración más compleja. Reuters informó que el metal spot cayó 1,2%, hasta US$4.113,89 por onza, mientras los futuros para diciembre retrocedieron 1,1%, hasta US$4.140,70. La presión provino fundamentalmente del fortalecimiento del dólar y del aumento de los rendimientos del Tesoro.
La relación entre estos mercados es directa: mientras mayores tasas reales y un dólar fuerte incrementan el costo de oportunidad de mantener oro, una eventual caída de los rendimientos podría reactivar rápidamente la demanda por el metal.
En Wall Street, el movimiento también comenzó a reflejar esa tensión. El S&P 500 retrocedía 0,3% y el Nasdaq 0,4%, después de haber alcanzado máximos históricos. El incremento de las tasas largas resulta especialmente relevante para las compañías de crecimiento y tecnología, cuyos flujos de caja futuros son más sensibles a cambios en la tasa de descuento.
La situación mantiene una dinámica similar a la observada en el mercado de Bitcoin, donde los rendimientos elevados y el dólar fuerte constituyen un obstáculo para los activos de mayor riesgo. Bitcoin llegó a retroceder hacia US$83.500, después de no conseguir superar nuevamente la zona de US$87.000.
Qué está descontando el mercado
La lectura más importante de las minutas no es que la Fed haya decidido una nueva suba, sino que el Comité mantiene abierta esa posibilidad.
La mayoría de los participantes consideraba probable otra suba antes de finalizar el año, pero al mismo tiempo insistió en que ninguna decisión está predeterminada. Esto deja a los mercados en una situación particularmente sensible a los próximos datos.
Si la inflación vuelve a acelerarse, especialmente como consecuencia de energía, aranceles o servicios, las probabilidades de una suba en diciembre podrían aumentar y ejercer presión adicional sobre los Treasuries, el oro y las acciones de crecimiento.
Si, por el contrario, los próximos indicadores confirman una desaceleración de la inflación y del empleo, el mercado podría interpretar que la suba de septiembre fue suficiente. En ese escenario, una estabilización o caída de los rendimientos podría favorecer al oro, las acciones tecnológicas y los activos de riesgo.
El problema es que el petróleo introduce una variable externa a la política monetaria. Un nuevo salto del crudo podría elevar las expectativas de inflación incluso aunque la demanda doméstica estadounidense pierda dinamismo.
La lectura para las próximas sesiones
Las minutas dejan una Fed que todavía considera demasiado pronto declarar la victoria contra la inflación, pero que tampoco parece dispuesta a comprometerse con una trayectoria mecánica de nuevas subas.
Por eso, el mercado deberá prestar menos atención a la decisión pasada y más a la interacción entre los próximos datos. Inflación, empleo, petróleo y rendimientos largos serán las variables capaces de modificar rápidamente la curva de tasas.
El dólar seguirá siendo el principal termómetro de esa recalibración. Una nueva escalada del Treasury a 10 años hacia máximos recientes podría mantenerlo firme y prolongar la presión sobre oro, acciones de crecimiento y criptomonedas. Una relajación de las tasas, en cambio, abriría espacio para una recuperación de estos activos.
Para los operadores, el escenario más relevante no es simplemente “Fed hawkish” o “Fed dovish”. La cuestión central es si la inflación vuelve a justificar una nueva suba o si el enfriamiento del mercado laboral termina imponiendo una pausa. Esa tensión definirá la dirección de los mercados durante las próximas semanas.
Conclusión FyM
Las minutas confirmaron que la Reserva Federal no considera cerrado el ciclo de endurecimiento monetario. La unanimidad de septiembre escondía una discusión más compleja sobre cuánto más debe subir la tasa y, sobre todo, cuánto tiempo puede mantenerse elevada sin deteriorar innecesariamente el mercado laboral.
El escenario inmediato queda condicionado por una combinación particularmente sensible: petróleo elevado, inflación por encima del objetivo, rendimientos del Treasury en máximos de décadas y un dólar fortalecido. Si esa combinación persiste, el mercado tendrá dificultades para descontar una relajación monetaria rápida.
La señal estratégica para las próximas sesiones será, por tanto, la dirección de los rendimientos reales estadounidenses. Si continúan subiendo, el dólar conserva una ventaja estructural y los activos sin rendimiento enfrentan mayor presión. Si comienzan a retroceder junto con las expectativas de inflación, el mercado podría anticipar que la Fed está cada vez más cerca de cerrar esta fase de endurecimiento.
Para los operadores, el próximo catalizador será la evolución de los datos de inflación y empleo antes de la reunión del FOMC del 27 y 28 de octubre. La Fed dejó la puerta abierta; ahora serán los datos los que determinen cuánto tiempo permanecerá abierta.