Perú se suma al Escudo de las Américas y refuerza su giro estratégico hacia Estados Unidos

— Equipo Editorial

Perú se suma al Escudo de las Américas y refuerza su giro estratégico hacia Estados Unidos

La incorporación de Perú al Escudo de las Américas marca un nuevo capítulo en el reordenamiento geopolítico de América Latina. La presidenta peruana, Keiko Fujimori, confirmó el 10 de septiembre el ingreso del país a la coalición impulsada por Estados Unidos para coordinar acciones contra el crimen organizado transnacional, el narcotráfico y otras amenazas de seguridad regional. El anuncio se produjo durante la visita a Lima del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.

La decisión tiene una dimensión que va mucho más allá de la lucha contra el narcotráfico. Perú se incorpora al mecanismo después de haber sido designado en enero como Aliado Principal Extra-OTAN de Estados Unidos (MNNA), mientras Washington intenta profundizar su presencia estratégica en una región donde China ha incrementado de manera significativa su influencia económica.

Para los mercados, el movimiento importa porque Perú no es solamente un socio de seguridad. Es también uno de los principales productores mundiales de cobre, un importante exportador de minerales y un país situado en una posición estratégica sobre el Pacífico sudamericano.

Qué es el Escudo de las Américas

El Escudo de las Américas fue lanzado el 7 de marzo de 2026 en Doral, Florida, durante una cumbre convocada por el presidente estadounidense Donald Trump.

La iniciativa nació con Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago. Posteriormente se incorporaron Colombia y ahora Perú.

La propuesta estadounidense busca coordinar a gobiernos aliados en materia de inteligencia, seguridad, lucha contra el narcotráfico, crimen organizado, lavado de activos, ciberseguridad y control de redes criminales transnacionales.

Washington también ha planteado el combate contra lo que define como interferencia extranjera y amenazas a la seguridad del hemisferio.

El Gobierno peruano sostiene que su incorporación permitirá acceder más rápidamente a información y coordinar acciones con otros países frente a organizaciones que operan a través de las fronteras.

Fujimori justificó la decisión señalando que Perú ya tiene experiencia en la lucha contra organizaciones terroristas y que el crimen organizado actual presenta una característica diferente: ya no está limitado por las fronteras nacionales.

La estructura, por lo tanto, no equivale a una nueva OTAN latinoamericana. Se trata de un mecanismo de cooperación política, operativa y de inteligencia liderado por Washington.

Perú profundiza su acercamiento a Washington

La entrada al Escudo no aparece aislada.

El 14 de enero de 2026, Trump designó formalmente a Perú como Major Non-NATO Ally, una categoría que facilita la cooperación estadounidense en defensa, tecnología y seguridad, aunque no convierte al país en miembro de la OTAN ni genera una obligación automática de defensa mutua.

La secuencia es significativa.

Primero llegó la designación como aliado principal extra-OTAN. Luego, el nuevo Gobierno peruano de Fujimori anunció su intención de estrechar los vínculos con Washington. Finalmente, el país ingresó al Escudo de las Américas.

El resultado es una relación bilateral mucho más orientada hacia seguridad, defensa, inteligencia y cooperación estratégica.

Reuters señala que durante la visita de Rubio también se discutieron narcotráfico, comercio, migración y posibles mecanismos de apoyo ante eventos vinculados con El Niño. Estados Unidos, además, ha avanzado en una propuesta de aproximadamente US$1.500 millones para trabajos en la base naval del Callao.

Esto transforma al Perú en un socio de creciente importancia para Washington en la costa del Pacífico.

El factor China cambia la lectura económica

Aquí aparece uno de los aspectos más relevantes para los mercados.

Perú mantiene una relación comercial cada vez más profunda con China. De hecho, China continúa siendo su principal socio comercial, impulsado especialmente por las exportaciones de cobre y otros minerales.

La importancia china en Perú también se hizo visible con el megapuerto de Chancay, una infraestructura estratégica construida con participación china que Washington observa con preocupación por sus posibles implicancias económicas y geopolíticas.

Al mismo tiempo, Perú es uno de los países latinoamericanos con mayor exposición a la demanda china de materias primas.

Esto genera una paradoja.

Perú puede acercarse estratégicamente a Estados Unidos mientras mantiene una fuerte dependencia económica de China.

La incorporación al Escudo de las Américas no implica que Lima vaya a abandonar sus relaciones comerciales con Pekín. La propia presidenta Fujimori ha señalado que Perú continuará ampliando sus intercambios con Asia, el Pacífico y Europa.

La estrategia parece ser, por tanto, de diversificación: profundizar la alianza de seguridad con Washington sin renunciar al comercio con China.

El cobre coloca a Perú en el centro de la competencia geoeconómica

Para los mercados financieros, el cobre probablemente sea uno de los activos más relevantes para seguir la evolución de esta relación.

Perú es uno de los principales productores mundiales del metal y sus exportaciones están estrechamente vinculadas con la industria china y asiática.

El cobre, además, dejó de ser simplemente una materia prima industrial. La transición energética, la electrificación, los centros de datos, las redes eléctricas y la fabricación de tecnología han convertido al metal en un activo estratégico.

Esto significa que el control de las cadenas de suministro de cobre adquiere una dimensión geopolítica creciente.

La posición peruana es particularmente interesante porque combina tres elementos:

  • grandes recursos minerales;

  • acceso al Pacífico;

  • vínculos comerciales profundos con China;

  • y una alianza de seguridad cada vez más estrecha con Estados Unidos.

En un escenario de competencia entre Washington y Pekín, esa combinación convierte al país en un activo estratégico para ambos bloques.

Washington quiere reducir la influencia china en América Latina

La incorporación peruana debe interpretarse también dentro de una estrategia estadounidense más amplia.

El Gobierno de Trump ha colocado nuevamente al hemisferio occidental en el centro de su política exterior y de seguridad. La lucha contra el narcotráfico funciona como uno de los instrumentos para profundizar esa presencia.

Pero detrás de la dimensión de seguridad existe una disputa económica.

El objetivo estadounidense no es solamente combatir organizaciones criminales. Washington también busca evitar que China continúe ampliando su presencia en infraestructura, minería, energía, telecomunicaciones y logística latinoamericana.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ya advertía antes de la creación del mecanismo que el Escudo de las Américas podía convertirse en un componente de una estrategia estadounidense más amplia para contrarrestar la influencia china en el hemisferio occidental.

Perú ocupa una posición particularmente sensible debido a Chancay, sus recursos minerales y su acceso al Pacífico.

El comercio con Estados Unidos introduce una contradicción

La profundización de la relación estratégica con Washington tampoco elimina las tensiones comerciales.

Perú busca que Estados Unidos reduzca o revise determinados aranceles que afectan a productos agrícolas y manufactureros peruanos.

El Ministerio de Comercio Exterior peruano informó en julio que Washington había establecido aranceles adicionales de entre 10% y 12,5% para determinados productos procedentes de Perú, dentro de una medida que afectó a decenas de economías.

Esto genera una situación peculiar.

Mientras ambos gobiernos fortalecen su cooperación militar y de inteligencia, los productores peruanos continúan enfrentando barreras comerciales en el mercado estadounidense.

La negociación económica será, por lo tanto, una parte importante de la nueva relación bilateral.

Reuters informó además que Perú espera exportaciones superiores a US$100.000 millones en 2026, mientras busca profundizar simultáneamente sus relaciones comerciales con India y China.

El mensaje de Lima parece ser claro: alineamiento estratégico con Washington, pero diversificación comercial global.

India aparece como otro socio cada vez más relevante

La política exterior peruana también muestra que el país no pretende depender exclusivamente de Estados Unidos o China.

India se convirtió en 2026 en el segundo destino de las exportaciones peruanas, superando a Estados Unidos, según Reuters. Entre enero y julio, las exportaciones hacia India crecieron 152% hasta US$6.184 millones, impulsadas en buena medida por las ventas de oro.

China continúa liderando el comercio peruano por la importancia de las exportaciones de cobre y minerales.

La estructura comercial revela entonces una economía cada vez más integrada con Asia, mientras la estructura de seguridad se mueve en dirección a Estados Unidos.

Ese contraste podría convertirse en una de las características centrales de la política exterior peruana durante los próximos años.

El riesgo de una mayor polarización geopolítica

El ingreso al Escudo de las Américas también tiene riesgos.

Una mayor cooperación con Washington puede facilitar inteligencia, equipamiento, capacitación y coordinación contra organizaciones criminales. Para Perú, que enfrenta problemas relacionados con narcotráfico, minería ilegal, lavado de activos y crimen organizado, estos instrumentos pueden tener un valor operativo importante.

Pero la incorporación también puede aumentar la exposición de Lima a la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.

El debate ya apareció durante la visita de Rubio. Sectores críticos cuestionaron que Perú pudiera quedar demasiado alineado con Washington, mientras el Gobierno sostiene que la cooperación será compatible con la soberanía nacional. Rubio, por su parte, aseguró que Estados Unidos no actuará unilateralmente en Perú y que cualquier intervención dependerá del consentimiento de sus socios regionales.

La cuestión será determinar dónde termina la cooperación y dónde comienza la alineación estratégica.

Qué significa para los mercados

El impacto inmediato sobre los mercados financieros peruanos probablemente sea limitado. La incorporación al Escudo de las Américas no modifica por sí misma los fundamentos fiscales o monetarios del país.

Sin embargo, puede tener efectos de mediano y largo plazo.

Una mayor cooperación con Estados Unidos podría favorecer inversiones en infraestructura de seguridad, defensa, logística y tecnología. También puede reforzar la percepción de Perú como un socio estratégico de Washington y reducir determinados riesgos geopolíticos.

Para el mercado de capitales, el efecto dependerá de si esa relación se traduce en mayores inversiones privadas.

El punto más sensible será el sector minero.

Perú necesita inversiones significativas para ampliar su producción de cobre y otros minerales críticos. Si Washington comienza a considerar esos recursos como parte de una estrategia de seguridad económica, podría aumentar el interés estadounidense por proyectos mineros y cadenas de suministro alternativas a China.

Esto sería especialmente relevante en un contexto en el que Estados Unidos intenta asegurar el acceso a minerales críticos y reducir su dependencia de proveedores vinculados a China.

Para el sol peruano, en cambio, el efecto será más indirecto. La moneda seguirá dependiendo principalmente de los términos de intercambio, el precio del cobre, los flujos de capital, la política monetaria y el comportamiento global del dólar.

Pero una mayor inversión extranjera directa y una percepción de menor riesgo geopolítico podrían contribuir positivamente a los flujos hacia activos peruanos.

Lectura de mercado

La entrada de Perú al Escudo de las Américas debe leerse como una pieza adicional de un proceso mucho mayor: la reconfiguración geopolítica de América Latina.

Washington está intentando reconstruir una red de socios estratégicos en el hemisferio. China, entretanto, mantiene una fuerte presencia comercial y financiera y controla posiciones relevantes en infraestructura regional.

Perú se encuentra exactamente en el punto de intersección entre ambas estrategias.

Su relación con Estados Unidos se profundiza en defensa, inteligencia y seguridad. Su relación con China continúa siendo fundamental para las exportaciones mineras. India emerge como un nuevo destino comercial. Y el país mantiene su participación en mecanismos multilaterales como APEC.

Esto explica por qué la incorporación al Escudo de las Américas tiene una importancia que supera ampliamente la lucha contra el narcotráfico.

Perú está adquiriendo un valor geopolítico creciente por sus recursos, su ubicación y su posición dentro de las cadenas de suministro del Pacífico.

Para los mercados, la pregunta relevante no será solamente si Washington consigue fortalecer su alianza con Lima.

Será si esa alianza consigue traducirse en capital, infraestructura, tecnología y nuevos mercados para los recursos estratégicos peruanos, sin deteriorar la relación comercial con China.

Conclusión FyM

Perú se convirtió en el nuevo integrante del Escudo de las Américas en un momento de creciente competencia entre Estados Unidos y China por influencia en América Latina.

La decisión de Keiko Fujimori consolida un giro que ya había comenzado en enero con la designación del país como Aliado Principal Extra-OTAN de Estados Unidos. Ahora, la cooperación se amplía hacia inteligencia, seguridad, lucha contra el crimen transnacional y coordinación regional.

Pero Perú no puede entenderse únicamente desde Washington.

China sigue siendo su principal socio comercial y un comprador fundamental de cobre y minerales. India gana peso rápidamente. Y el puerto de Chancay refuerza la posición peruana como plataforma logística del Pacífico.

Por eso, el verdadero desafío de Lima será mantener un delicado equilibrio.

Seguridad con Estados Unidos, comercio con China y diversificación hacia Asia y Europa.

Si el Gobierno consigue convertir ese equilibrio en nuevas inversiones y cadenas de suministro, la incorporación al Escudo podría terminar teniendo consecuencias económicas mucho mayores que las estrictamente militares.

Para los inversores, Perú empieza a ocupar un lugar cada vez más interesante dentro del nuevo mapa geoeconómico de América Latina: cobre, Pacífico, China, Estados Unidos y seguridad regional convergen en un mismo mercado.