Calendario económico: una semana de datos que redefinió las expectativas de tasas
— Equipo Editorial

La semana dejó una señal que atraviesa a los principales mercados: la actividad económica continúa mostrando resistencia, pero esa fortaleza convive con presiones inflacionarias y con bancos centrales que todavía no pueden dar por cerrado el ciclo de endurecimiento monetario. Entre el repunte de la manufactura alemana, la aceleración del sector servicios estadounidense y unas solicitudes de subsidio por desempleo todavía contenidas, los datos publicados entre el miércoles y el viernes ofrecieron un escenario menos compatible con una rápida relajación de las condiciones financieras.
El contraste fue particularmente visible en Estados Unidos. Mientras el índice manufacturero de la Fed de Filadelfia cayó a 47,4 puntos en agosto, muy por encima de los 24,1 esperados pero todavía dentro de terreno contractivo, las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo descendieron a 206.000 frente a las 210.000 previstas. Un día después, el PMI manufacturero preliminar se situó en 53,2 puntos y el de servicios saltó hasta 56,8, su nivel más elevado desde diciembre de 2024.
La combinación resulta relevante para los operadores porque mantiene abierta una disyuntiva: la economía estadounidense no muestra todavía el deterioro necesario para justificar una política monetaria claramente más expansiva, mientras que la inflación continúa por encima de los objetivos de los principales bancos centrales.
Margen
El primer foco de la semana estuvo en Europa. La inflación anual de Reino Unido aumentó al 2,9% en julio desde el 2,6% anterior, en línea con las previsiones y en su nivel más alto en cuatro meses. El incremento estuvo asociado principalmente al aumento del límite regulado de los precios energéticos, mientras que la inflación subyacente se mantuvo en 2,6% y la inflación de servicios descendió hasta 3,4%.
El dato no modificó de manera drástica las expectativas sobre el Banco de Inglaterra, pero sí recordó al mercado que la desinflación sigue siendo irregular. Para la libra, esto implica un equilibrio delicado: una inflación más elevada limita el margen para recortes de tasas, pero una economía que pierde dinamismo impide interpretar el dato únicamente como una señal de endurecimiento monetario.
En la zona euro, el IPC anual se ubicó en 2,9%, mientras los inversores continuaron evaluando el margen de maniobra del Banco Central Europeo. La actividad, sin embargo, mostró una mejora en agosto. El PMI compuesto preliminar de la región avanzó hasta 52,1 puntos desde 52,0, mientras que el componente manufacturero alcanzó 52,8, máximo de más de cuatro años. Los nuevos pedidos crecieron al ritmo más rápido en más de tres años y los pedidos de exportación aumentaron por primera vez desde febrero de 2022.
Alemania fue uno de los puntos más destacados. Su PMI manufacturero subió hasta 54,1 desde 52,2, el mejor registro en 51 meses. El problema es que los servicios continuaron deteriorándose: el PMI del sector cayó a 48,5 desde 49,8. El PMI compuesto alemán, por tanto, se mantuvo apenas por encima de 50, en 51,0 puntos.
El dato deja una lectura importante para el euro. La recuperación industrial ofrece respaldo al crecimiento europeo, pero la debilidad de los servicios evita hablar todavía de una recuperación homogénea.
Para el BCE, además, una economía que recupera actividad mientras la inflación permanece en 2,9% constituye un argumento para mantener una postura prudente.
En Estados Unidos, la señal fue todavía más heterogénea. El índice manufacturero de la Fed de Filadelfia cayó a 47,4 puntos, frente a 41,4 en julio y muy por encima de los 24,1 que esperaba el consenso mostrado en el calendario. Aunque el índice permaneció por debajo de 50, la magnitud de la sorpresa redujo la preocupación por un deterioro industrial más profundo.
El mercado laboral ofreció otra señal de estabilidad. Las nuevas solicitudes de subsidio por desempleo bajaron a 206.000 desde las 212.000 revisadas de la semana anterior y se situaron por debajo de las 210.000 previstas. Las solicitudes permanecen en la parte baja del rango observado durante el año, pese a que la contratación se ha moderado.
La fotografía cambió nuevamente el viernes con los PMI. El sector servicios estadounidense aceleró con fuerza hasta 56,8 puntos, mientras que el PMI manufacturero descendió a 53,2. El resultado llevó al PMI compuesto hasta 56,0, máximo desde abril de 2022. Según S&P Global, los indicadores apuntan a una expansión anualizada cercana al 3% durante el tercer trimestre, frente al 1,5% registrado en el segundo trimestre.
Para los mercados, esta diferencia entre servicios y manufactura es fundamental. La industria continúa enfrentando restricciones de oferta y efectos derivados del contexto energético y geopolítico, mientras que los servicios mantienen el crecimiento apoyados por la demanda doméstica. La contrapartida es que una economía que crece cerca del 3% difícilmente genera un argumento contundente para una relajación monetaria agresiva.
La Fed vuelve al centro del escenario
Las actas de la reunión del FOMC publicadas durante la semana reforzaron esa lectura. El documento mostró una división inusualmente marcada dentro del banco central: tres miembros votaron a favor de una suba de tasas en julio, el mayor bloque de disenso en una misma dirección desde 2016. Además, varios participantes consideraron apropiado un aumento de 25 puntos básicos y varios funcionarios señalaron que podría ser necesario endurecer nuevamente la política para devolver la inflación al objetivo del 2%.
El mercado, sin embargo, no está descontando un escenario lineal de subidas. Una encuesta de Reuters publicada esta semana mostró que la mayoría de los economistas espera que la Fed mantenga su tasa de referencia en 3,50%-3,75% durante el resto del año. El escenario continúa dependiendo de la evolución de inflación, empleo y actividad.
La divergencia entre las minutas y las expectativas de mercado es probablemente uno de los elementos más importantes que deja la semana. La Fed mantiene abierta la posibilidad de endurecer la política, mientras los operadores continúan evaluando si la desaceleración de algunos indicadores terminará justificando una pausa prolongada.
A esto se suma el mercado energético. El crudo Brent cerró la semana en torno a 94 dólares por barril, mientras el WTI terminó arriba de 87 dólares, después de avanzar 0,65% y 0,26%, respectivamente, en la sesión del viernes. Las amenazas de nuevas sanciones estadounidenses contra socios comerciales de Irán elevaron nuevamente las preocupaciones sobre la oferta.
Lectura de mercado
El mensaje que emerge de los datos no es el de una economía global entrando en recesión, sino el de una economía que resiste mientras enfrenta un entorno monetario y geopolítico cada vez más complejo.
En Estados Unidos, la fortaleza de los servicios y la estabilidad del mercado laboral reducen la urgencia de una política monetaria más expansiva. Al mismo tiempo, el debilitamiento relativo de la manufactura y algunos indicadores laborales más débiles impiden asumir que la Fed necesariamente avanzará hacia nuevas subidas.
Por eso, el mercado continuará reaccionando de manera especialmente sensible a cualquier dato que modifique la relación entre crecimiento e inflación. Un escenario de crecimiento cercano al 3% con presiones de precios persistentes favorecería tasas elevadas durante más tiempo y podría mantener bajo presión a los bonos de largo plazo. La semana estuvo marcada por un fuerte incremento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, con el Treasury a 30 años alcanzando 5,34%, su nivel más alto desde 2007.
En Europa, el panorama es diferente pero igualmente complejo. La mejora manufacturera alemana y el repunte de los nuevos pedidos en la zona euro ofrecen respaldo al crecimiento, mientras que una inflación del 2,9% limita el margen del BCE para adoptar una postura claramente expansiva.
Para el mercado cambiario, esta combinación mantiene abiertas las diferencias de política monetaria entre las principales economías. El dólar conserva respaldo mientras la economía estadounidense siga mostrando mayor dinamismo, pero las expectativas pueden cambiar rápidamente si los próximos datos de inflación y empleo modifican la percepción sobre la Fed.
Conclusión FyM
La principal conclusión de la semana es que el mercado no está enfrentando una economía débil, sino una economía que todavía crece lo suficiente como para complicar el trabajo de los bancos centrales.
El dato más importante para las próximas sesiones será, por tanto, la interacción entre actividad, inflación y tasas. Los operadores deberán vigilar especialmente la evolución de los precios energéticos, los próximos indicadores de inflación estadounidense y europea y cualquier señal adicional proveniente de la Fed sobre septiembre.
El escenario de fondo sigue siendo de elevada sensibilidad a los bonos. Una nueva aceleración de los rendimientos podría repercutir sobre acciones, dólar y activos de riesgo, mientras que una moderación de la inflación acompañada por señales de enfriamiento económico podría reabrir el debate sobre una política monetaria menos restrictiva.
En ese equilibrio se encuentra la clave de las próximas semanas: la economía todavía tiene suficiente fuerza para resistir, pero precisamente esa resistencia puede impedir que los bancos centrales relajen las condiciones financieras tan rápido como algunos segmentos del mercado esperan.