Calendario Económico: Inflación y crecimiento dividen el mapa: Reino Unido sorprende y EE. UU. enfría la presión sobre la Fed
— Equipo Editorial

La agenda económica de este jueves dejó un escenario de señales contrapuestas entre las principales economías. Mientras Estados Unidos recibió un nuevo dato de inflación mayorista que redujo la presión inmediata sobre la Reserva Federal, el Reino Unido sorprendió con una expansión económica superior a la prevista y España mostró una inflación más elevada de lo esperado. El resultado es un mercado que debe procesar simultáneamente crecimiento resistente y presiones de precios todavía persistentes.
En Estados Unidos, el índice de precios al productor (PPI) permaneció sin cambios en julio, frente al aumento de 0,2% que esperaba el mercado, después de una caída revisada de 0,1% en junio. Al mismo tiempo, las nuevas solicitudes de subsidio por desempleo alcanzaron 209.000, por encima de las 202.000 previstas, aunque todavía en niveles compatibles con un mercado laboral relativamente estable. El PPI interanual se desaceleró a 4,7%, desde 5,5% en junio, reforzando las expectativas de que la Fed mantenga las tasas sin cambios en septiembre.
Europa, en cambio, recibió señales que complican la perspectiva de una rápida relajación monetaria. España registró una inflación anual de 3,6% en julio, frente al 3,5% previsto, mientras que la inflación subyacente se ubicó en 3,0%, en línea con las expectativas. La combinación de crecimiento todavía sólido y precios elevados mantiene abierta la discusión sobre cuánto tiempo deberán permanecer restrictivas las políticas monetarias europeas.
PPI
El dato estadounidense fue probablemente el más relevante de la jornada para los mercados financieros globales. Un PPI mensual de 0,0% frente a una previsión de 0,2% supone una sorpresa bajista en términos de inflación mayorista y ofrece a la Fed mayor margen para evitar un endurecimiento adicional de su política monetaria.
La composición del indicador también aporta información. Según Reuters, los precios de los bienes cayeron 0,7% durante julio, compensando un aumento de 0,2% en los servicios. El resultado llevó la variación interanual del PPI a 4,7%, una desaceleración significativa frente al 5,5% registrado en junio.
La señal sobre el empleo fue menos contundente. Las solicitudes iniciales de subsidio subieron a 209.000, frente a 202.000 esperadas y 200.000 en el registro anterior mostrado en el calendario. Sin embargo, las solicitudes continuas descendieron en 22.000, una combinación que apunta más a una moderación del mercado laboral que a un deterioro abrupto.
La importancia de esta combinación está en la función que cumple el mercado laboral dentro de la reacción de la Fed. Una inflación mayorista que pierde intensidad junto con un empleo que comienza a mostrar cierta moderación constituye un escenario compatible con una política monetaria estable. De hecho, Reuters situó en 67,6% la probabilidad que asignaban los mercados a que la Fed mantuviera las tasas sin cambios en septiembre.
El impacto sobre el dólar fue coherente con esa interpretación. El índice dólar retrocedía 0,07%, hasta 99,88, mientras el euro avanzaba 0,1%, hasta 1,1536 dólares. La menor expectativa de una subida de tasas estadounidenses reduce el atractivo relativo de los activos denominados en dólares y permite cierta recuperación de otras monedas.
Reino Unido: crecimiento más resistente
El Reino Unido presentó una historia diferente. El PIB mensual aumentó 0,3% en junio, frente a una previsión de 0,0%, después de no registrar crecimiento en mayo. En términos trimestrales, la economía avanzó 0,4%, aunque por debajo del 0,6% registrado en el trimestre anterior. El crecimiento anual se situó en 1,2%, por encima del 1,1% esperado y del 0,9% anterior mostrado en el calendario.
El crecimiento de junio estuvo liderado por los servicios, que aumentaron 0,4%, mientras la producción industrial y la construcción registraron descensos.
El desempeño fue favorecido además por un período de menor tensión energética, condiciones meteorológicas favorables y un aumento del consumo relacionado con el Mundial de fútbol masculino.
El dato tiene implicancias directas para el Banco de Inglaterra. Una economía que conserva capacidad de crecimiento mientras la inflación permanece elevada dificulta la posibilidad de una política monetaria excesivamente expansiva. Huw Pill, economista jefe del BoE, sostuvo en una entrevista con The Wall Street Journal que la fortaleza reciente de la actividad respalda el argumento a favor de elevar las tasas, dado que la economía británica no parece encaminada hacia una contracción significativa.
La libra reaccionó favorablemente al dato. Reuters señaló que la moneda británica se mantenía firme y encaminada a registrar una tercera semana consecutiva de ganancias.
España: inflación todavía resistente
España aportó la otra cara de la jornada europea. La inflación anual alcanzó 3,6% en julio, frente al 3,5% previsto y el 3,2% anterior. La inflación subyacente se ubicó en 3,0%, exactamente en línea con las previsiones, aunque por encima del 2,9% anterior.
La diferencia respecto de Estados Unidos es relevante. Mientras el PPI estadounidense ofrece una señal de moderación, los datos españoles muestran que las presiones de precios europeas continúan siendo suficientemente persistentes como para limitar la velocidad de cualquier relajación monetaria.
El contexto regional refuerza esa interpretación. Los economistas esperan que el Banco Central Europeo realice una última subida de tasas en septiembre, hasta llevar la tasa de depósitos al 2,50%, debido a una inflación de la eurozona que alcanzó 2,9% en julio y a los efectos de los mayores precios energéticos. Una encuesta de Reuters mostró que el 83% de los economistas consultados espera esa subida.
Lectura de mercado
La jornada deja tres narrativas monetarias diferentes. Estados Unidos se aproxima a una fase de mayor estabilidad de tasas porque la inflación mayorista pierde fuerza y el mercado laboral comienza a moderarse. Reino Unido, en cambio, conserva una economía suficientemente resistente como para mantener abierta la posibilidad de una política más restrictiva. Europa continental enfrenta una inflación todavía elevada que dificulta una relajación rápida del BCE.
Para los operadores, esta divergencia es más importante que cualquier dato individual. Las diferencias en crecimiento e inflación pueden traducirse en movimientos persistentes en los mercados de divisas, bonos y renta variable. El dólar enfrenta menos presión alcista si disminuyen las probabilidades de una subida de la Fed, mientras la libra puede beneficiarse de un Banco de Inglaterra que mantenga una postura relativamente restrictiva.
En Europa, la combinación de inflación y crecimiento mantiene el foco sobre los rendimientos soberanos. Una eventual subida del BCE en septiembre podría limitar la capacidad de expansión de las valuaciones bursátiles, aunque también reforzaría el atractivo relativo del euro si los mercados comienzan a descontar un diferencial de tasas más favorable frente a Estados Unidos.
En Estados Unidos, el riesgo está en el sentido contrario: una inflación demasiado persistente en los próximos datos podría revertir rápidamente la actual relajación de las expectativas. El PPI de julio es favorable para la Fed, pero no elimina por sí solo las presiones inflacionarias. La inflación PCE subyacente, la medida preferida por el banco central, continúa siendo un indicador fundamental para determinar la trayectoria de las tasas.
Conclusión FYM
La agenda económica de este jueves confirma que el escenario monetario global está entrando en una etapa cada vez más divergente. Estados Unidos obtiene margen para mantener las tasas estables, mientras Reino Unido y Europa todavía deben convivir con una combinación incómoda de crecimiento e inflación.
La próxima etapa dependerá de si estas diferencias se consolidan o comienzan a converger. En Estados Unidos, los operadores deberán vigilar especialmente la evolución del PCE y del empleo; en Reino Unido, la persistencia de la inflación será determinante para valorar la posibilidad de nuevas medidas del BoE; y en Europa, la atención se concentra en la inflación regional y en las señales que puedan confirmar o modificar las expectativas de una subida del BCE en septiembre.
Para los mercados, el mensaje de fondo es claro: la política monetaria ya no responde a una única narrativa global. Las divergencias entre inflación, crecimiento y empleo están volviendo a convertirse en uno de los principales motores de las divisas, los bonos y las bolsas durante las próximas sesiones.